El Seguro de Vida: La Trampa de la Disponibilidad Absoluta
Volver al blogDignidad, Amor propio, Presencia

El Seguro de Vida: La Trampa de la Disponibilidad Absoluta

"¿Te has preguntado por qué, a pesar de darlo todo, sigues esperando un turno que nunca llega? Quizás no eres la opción que sigue, sino el 'seguro de vida' que el otro paga para no enfrentar su soledad. Un viaje crudo desde la autoanulación hasta el rescate de tu dignidad."

P

Patricia Fournillier

4 de febrero de 2026

4 min de lectura0 vistas
#Dignidad#amor propio#presencia#opción A#soy mi prioridad#si a la vida#tengo un lugar digno#desarrollo personal#autoestima#ser

Hay una categoría de personas que habitan un limbo emocional particularmente cruel. No son la opción A, ni la B, ni siquiera la Z. Son, sencillamente, la opción segura. Ese puerto que siempre tiene el muelle vacío, esperando que el barco regrese destrozado por las tormentas que otros le provocaron.

Si te identificas con este lugar, lo que tienes por delante no es una historia de amor épica que se concretará tras tu larga espera; lo que tienes es un camino pavimentado de frustración y una desolación que se siente en los huesos. No porque haya algo dañado en ti, sino por una verdad más simple y cruel:

Antes de elegirte, esa persona agotará todo lo demás que en su mundo tiene prioridad.

El Objeto en la Gaveta, la Crueldad de la Utilidad

Desde el psicoanálisis, entendemos que el deseo humano se nutre de la falta, de aquello que no se tiene del todo. Cuando te conviertes en la "opción segura", eliminas el misterio y la urgencia. Te transformas en un objeto de utilidad, no en un objeto de deseo.

Es la lógica del seguro de incendios: es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo. Pero piénsalo bien: ¿Quién desea realmente que su casa se incendie? Nadie. El seguro es un alivio ante la tragedia, pero nunca es el sueño de nadie.

Si eres el seguro de vida de alguien, tu valor solo se activa cuando el mundo de esa persona se derrumba.

Más allá del abecedario, el punto ciego del deseo

A veces, el autoengaño nos hace creer que somos la opción "Z", la última de la fila, y que solo es cuestión de tiempo o de que las otras 25 letras fallen para que nos llegue el turno. Pero la realidad es más gélida: hay personas que están fuera del marco de referencia del abecedario.

Si eres esa persona, no eres una opción a considerar, eres la infraestructura invisible. Eres como el suelo que pisan: no piensan en él, no lo eligen para caminar, simplemente dan por sentado que estará ahí para sostener su peso cuando decidan dar un paso. No puedes obligar a nadie a incluirte en su abecedario de deseos, pero...

...sí puedes dejar de ser el suelo que otros pisan mientras miran al horizonte buscando a alguien más.

La Muerte del Deseo en el Altar de la Seguridad

Desde la sexología, entendemos que el erotismo requiere de una distancia, de un "otro" que no poseemos del todo. Cuando te vuelves la opción segura, te vuelves predecible. Y lo predecible, aunque da calma, rara vez enciende el deseo.

Al convertirte en el "asistente emocional" o el "refugio gratuito", dejas de ser un par, un amante, un igual. Te desplazas hacia un lugar casi asistencial. El otro te busca para que le cures las heridas que le dejó alguien que sí le apasiona. En esa dinámica, tú te quedas con los restos, con la fatiga del otro, mientras tu propia sensualidad se marchita en la espera.

Habitar tu Dignidad: El Acto de Retirar la Oferta

Aquí es donde el choque reflexivo debe transformarse en acción. Habitar tu dignidad significa reconocer que tu lealtad no es una moneda de cambio para comprar amor. Si tu valor depende exclusivamente del fracaso ajeno, no estás en una relación, estás en un rol de un guardia de emergencia.

Retirar la oferta es el acto psicomágico y real más potente que puedes hacer. Es decirle al otro, y sobre todo a ti mismo:

Mi presencia tiene un precio, y ese precio es la reciprocidad y la elección consciente. Ya no soy el seguro de vida de nadie; ahora soy mi propia prioridad.

El Riesgo de Existir

Al final, dejar de ser la opción segura da miedo. Da miedo porque, al retirarte, existe la posibilidad de que el otro no te busque. Pero es ahí, en ese vacío, donde finalmente recuperas tu existencia.

Es preferible la soledad de quien se pertenece, que la compañía de quien solo te usa para no sentirse solo mientras espera a alguien más.

¿Vas a seguir siendo el plan de contingencia o vas a empezar a ser tu propio destino?

Si leer esto te ha dolido, es porque tu dignidad está reclamando su lugar. Dejar de ser la "opción segura" no es algo que se logre solo con voluntad; requiere un proceso de desaprendizaje y reconstrucción. Por eso diseñé "El rescate de tu dignidad", un entrenamiento vivencial diseñado para quienes están listos para salir de la vitrina de los olvidados y convertirse en su propio destino.