Sexo Amor y Libertad

Al iniciar una relación efectiva/erótica cada integrante de la pareja trae consigo, un capital emocional, intelectual y físico o tangible que pone al servicio de la relación. Tal como sería la creación de una empresa, donde cada socio invierte un capital, con el anhelo de prosperar, crecer y materializar sueños.

Cuando hablo de relación efectiva/erótica me refiero en particular a este tipo de relación humana que atrae, conecta y vincula desde el sexo y el amor, a dos extraños, que extrañamente tienen mucho en común. ¿Qué les hizo mirarse? ¿Cómo fue el clic? Bueno, esto es tan diverso como la misma especie. Lo que sí quiero resaltar es que, al menos entre diversos aspectos que comparten en común, se destacan: las historias familiares, las carencias o excesos, los estereotipos afectivos aprendidos en la infancia, las circunstancias de cercanía y rose cotidiano y, por supuesto, la bendita biología que hace un claro reconocimiento de lo que, intrínsecamente y de forma inconsciente, está buscando cada uno.

Y partiendo de la biología, la química de los cuerpos, nos erotiza y conecta poderosamente. Término muy adecuado, pues, a eso que decimos, “amor a primera vista”, es un complejo producto de neurotransmisores que hacen todo un coctel químico. Lo cual, efectivamente, altera, excita e impulsa al acercamiento de los cuerpos. A este fenómeno, notorio, divino, y extasiaste, la sociocultura le da todo un matiz romántico, solo para justificar su presencia, como si lo natural necesitara tantas explicaciones.

Entonces, hasta aquí nuestra naturaleza, está haciendo de las suyas sin nuestro claro consentimiento. Pero, para nada nos ofende, por el contrario, lo disfrutamos un montón. Nos recuerda que estamos más vivos que nunca. Y en la mayoría de los casos, nos hace fantasear con el supuesto responsable de nuestro alboroto químico. Al punto de plantearnos, en el nombre del amor, y no de la química, verdadera responsable, juntarnos y vivir una relación afectiva. Entonces, en nombre del amor, entramos a tan complejo mundo de vinculación.

Existen tantas definiciones de amor como pensadores en este mundo. Coincidir o adoptar alguno en particular resulta una tarea titánica. Sobre todo, por nuestro sistema de crianza. Pues, más que conceptos, adoptamos modelos sobre qué es el amor. Por ello, en búsqueda de esa nueva versión, que traiga consigo liviandad emocional, me encontré, hace algunos años, aprendiendo y practicando un amor sin tanto, drama, culpa y apego. Que bella coincidencia, fue encontrar una definición que se ajustase a esa nueva filosofía de vida. Aquí les cito en palabras de Jorge Bucay, cómo es el amor.

Amar es independiente de lo que el amado haga, diga o tenga; que mi amor no depende de que lo amado esté a mi lado o se vaya; que cuando amo no me aferro, no manejo, no presiono. Que amar, finalmente es la aceptación total del otro.

Jorge Bucay

Definición que vivida y sentida en el tiempo brinda la tan ansiada libertad que solo el verdadero amor sabe reconocer. Si se puede respetar al otro, a la vez que se respeta a sí mismo, si se logra vivir esa forma de amar donde “Si te quiero, te recorto las alas y te dejo a mi lado para siempre; si te amo, disfruto viéndote crecer las alas y disfruto viéndote volar”. Entonces, practicar este modelo de amor significa crear un vínculo donde la experiencia de libertar sobrepasa cualquier concepto socioculturalmente transmitido.

 Pero, ¿Qué pasa cuando, los que se juntan, posterior a esa locura química corporal, tiene saldos rojos, ejemplo, historia de déficit afectivo por abandono, humillación, traición o desprecio?

Cada uno Inicia la cotidianidad con su déficit. La cotidianidad es donde el amor florece o muere. Cuando hay déficit, el uno le recuerda al otro, en cada acción, su propio vacío o asunto por resolver. Y, a partir de allí, se gesta una relación infantil, de vigilancia, posesión, dominio y en sí, un ciclo dañino de lastimar la herida del otro.

Como estos déficits lo envuelven todo, incluso la sexualidad, estos mismos patrones justifican cualquier tipo de intromisión en la individualidad de nuestra pareja, casi le prohibimos que exista tal cosa como espacio privado. Pues decimos confiar, solo si lo que hace nuestra pareja se ajusta a nuestros deseos, pero si, por el contrario, en sus experiencias sexuales privadas no estamos de acuerdo o no las aprobamos, el conflicto, drama y sensación de traición cobran toda clase de factura. Y ojo no es necesario estar de acuerdo, pero si fundamentalmente respetar y saber hasta donde puedes acompañar a tu pareja, y cuál es el momento para salirte de aquella relación donde ya no encajas, ya no coincides, en lugar de, forzar al otro a que se ajuste a ti.

 Por eso, a pesar de ser dos supuestos adultos los que deciden, en un idilio producto de la química del deseo, formar el vínculo de pareja, se les olvida ser adultos, al momento de pensar en sus deseos individuales, sus acciones y todo ese intrincado proceso de crecimiento que experimentan, ahora que comparte una cotidianidad en común.

Las parejas no son productos, no son objetos de propiedad, no dejas de ser humanos e individuos porque ahora tienen un rol de pareja, por el contrario, ahora es que inician el proceso más humano que existe, su evolución y autoconocimiento gracias a la experiencia de estar con otro. Ambos son un misterio, tienen heridas emocionales no resueltas y, estar en pareja permite ver y verse en el espejo del otro.

Solo desde el adulto que respeta su proceso, sus heridas y sus deseos, así como el de la persona que le acompaña en esta experiencia llamada pareja, se puede vivir el amor, el sexo y la libertad… ¿se puede aprender? definitivamente sí. ¿Se quiere aprender? tal vez. ¿Se está dispuesto a salir del aprendizaje y hábitos de controles, masoquistas y rigidez?, quien sabe.

Dependerá de las respuestas que le den a estas interrogantes y las herramientas cognitivas conductuales para que, las parejas puedan construir una nueva versión efectiva/erótica donde Sexo, Amor y libertad se puedan configurar, sin morir en el intento.

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